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Europa se asoma al cosmos desde el desierto chileno de Atacama
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David
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Europa se asoma al cosmos desde el desierto chileno de Atacama

20/06/2008
  • El altiplano acogerá una instalación puntera que abarcará 18 kilómetros
  • El proyecto avanza con retraso y se espera que concluya hacia el 2014
Cuando los científicos europeos empezaron a buscar lugares desde los que estudiar el cielo del Sur, muy distinto al que se ve desde el viejo continente, se habló de tres sitios idóneos: el lado oculto de la Luna, la Antártida y el desierto chileno de Atacama.

Fue en este último lugar, el más seco de la Tierra, donde finalmente se han levantado algunos de los telescopios más poderosos del mundo.

Pero lo mejor está aún por llegar: a los pies del Cerro de Chajnantor, nombre que en la antigua lengua indígena significaba Montaña Oscura, el Observatorio Europeo Austral (ESO) y sus socios norteamericanos y japoneses están trabajando en lo que sin duda será la obra de ingeniería más compleja que se haya levantado nunca sobre un terreno de alta montaña.

"Es un paisaje plano a 5.000 metros de altura: no hay muchos sitios sitios así en el mundo", comenta Richard Hills, astrónomo de ESO y uno de los principales responsables científicos de ALMA.

La construcción del observatorio, al que aún le faltan varios años para estar listo, comenzó a gestarse a finales de los 80, aunque entonces se trataba en realidad de tres proyectos distintos: uno europeo, otro estadounidense y un tercero japonés. Poco a poco, se fue haciendo evidente para todos que era mejor colaborar que competir.

"Todos los científicos sabían en el fondo que la mejor forma de hacerlo sería un proyecto único", recuerda Hills. Con la llegada del nuevo milenio, el proyecto ALMA (acrónimo en inglés de Gran Conjunto Milimétrico y submilimétrico, en referencia a las longitudes de onda con las que estudiará el universo) vio la luz como tal, y en 2003 se probaron los primeros prototipos en Nuevo méxico.

En la actualidad, de las 50 antenas gigantes que contemplan como mínimo los planes, hay ya construidas ocho, cuatro japonesas y otras tantas estadounidenses. Como máximo, se espera poder construir 64 radiotelescoios, aunque estas cifras han variado a lo largo de los años.

Lo más interesante del proyecto, en cualquier caso, es que todos ellos podrán trabajar juntos y combinarse de multitud de formas distintas para unir sus fuerzas y conseguir indagar aún más lejos en el cosmos.


El cielo nocturno visto desde Paranal. (Foto: ESO)

Esta técnica, conocida como interferometría, permite que varios telescopios unidos observen un mismo punto del firmamento con tanta precisión como lograría una antena del tamaño de la máxima separación entre ellas.

En el caso de ALMA, la instalación ocupará más de 7.200 metros cuadrados, se extenderá a lo largo de 18 kilómetros y permitirá conectar telescopios a un máximo de 10 kilómetros de distancia. Los científicos podrán usar distintas configuraciones de acuerdo con la investigación que deseen realizar.

En general, si la distribución de los radiotelescopios abarca más espacio, se obtiene más resolución, mientras que en estructuras más compactas se logra una mayor sensibilidad.

Todo ello en un entorno en el que la ausencia total de humedad reseca la piel, corta los labios y obliga a beber de forma constante, mientras que la falta de oxígeno provoca que quienes visitan el Cerro de Chajnantor tengan que llevar botellas de oxígeno, de las que hay que echar mano de vez en cuando para evitar el mal de altura.

Ambiente árido
Las instalaciones donde se están construyendo las antenas, sin embargo, están más de 2.000 metros más abajo, en un ambiente árido pero mucho menos hostil. Unos inmensos camiones especialmente construidos para la ocasión se encargarán de transportar, cuando llegue el momento, los telescopios hasta el llano de Chajnantor.

El ambiente seco, frío y carente de oxígeno es el precio que hay que pagar para estar más cerca de las estrellas, en una atmósfera mucho más tenue que la que respiramos habitualmente, libre de las nubes y los gases que dificultan enormemente las observaciones. Sobre todo en el tipo de radiación, entre las ondas de radio y la luz visible, que van a recibir los instrumentos del proyecto ALMA.



La fecha prevista para finalizar las obras aún es, en teoría, 2012, pero los ingenieros parecen tener claro que se retrasará como mínimo dos años. No obstante, se prevé que las primeras observaciones científicas arranquen antes, quizás a partir de 2010.

Hasta entonces, el observatorio más emblemático de ESO seguirá siendo el de Cerro Paranal, a casi 3.000 metros de altura, en la región más seca de Atacama.

Trabajo en equipo
Allí trabajan astrónomos e ingenieros en multitud de investigaciones de todo el mundo que requieren la potencia de sus instalaciones, compuestas por cuatro grandes telescopios ópticos (que detectan la luz visible), de más de ocho metros de diámetro cada uno, y otros tres más pequeños, de un metro cada uno.

Por el momento, los astrónomos pueden usar interferometría -es decir, unirlos para que trabajen juntos- con dos o tres de los mayores telescopios, así como usar los más pequeños de apoyo.

"Mi primera impresión del cerro Paranal, después de más de 20 horas de viaje desde Berlín, es que había aterrizado en Marte", comenta la física del VLT François Delplancke.

Y algo así debió pensar el equipo de rodaje de la última película de James Bond, que ha pasado recientemente por el lugar creando una pequeña revolución de caos cinematográfico, tan distinto de la tranquila, casi monacal, rutina de los astrónomos.

Extraido de: ElMundo
20/06/2008 12:51:13 Enviar un Mensaje Privado - Añadir a Amigos - Ver sus posts
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